martes, 7 de mayo de 2013

Una naranja hablando con un bistec (Para Cris)

Un día lo dijo D. hablando de una amiga imprescindible: "Con unas pocas palabras deshace los nubarrones de mi cabeza" y lo entendí perfectamente y me apropié la frase. Me gusta mucho hablar con D.  con Cris, con Ana, con Salva; todos lejos y cada uno de ellos viviendo su crisis particular como puede. Nos ayudamos unos a otros a entendernos, dudamos, nos emocionamos, proyectamos cosas o buscamos fuerzas en las palabras del otro que corroboren nuestra opinión; que ordenen nuestro pensamiento o que lo desordenen. A veces también para continuar con la lucha. Hablamos por teléfono, nos escribimos mails, mantenemos el contacto. Esa comunicación imprescindible. 

A veces uno tiene la tentación de reducir a la gente en categorías, de clasificarla, olvidándose de que todos somos complejos y nos mueven pulsiones muy diferentes, incluso contradictorias. Nadie es de Marte o de Plutón; Blanco o Negro; Bueno o malo. No. 

Como mi madre, como alguna de mis hermanas, yo clasifico cuando me cabreo, cuando me sale el genio y me digo, ya está bien de tanta comprensión y tolerancia. Me remango y me río un poco. Pero no es así, no. 

Toda esta gente con la que comunico, y otra mucho más que no cito, tienen mucha facilidad para emocionarse. Somos gente sentida, y por tanto nos entendemos. 

Es muy difícil explicar las cosas cuando se trata  de sentimientos. Y recuerdo la frase de Rubert de Ventos en el programa, "Pienso luego existo", sobre la dificultad de escribir. "...La renuncia absoluta de la escritura cabrona para meter tus pensamientos por un tubo". Me atrapó completamente ese programa. Estaba muy bien hecho. Sobre todo  por las cosas que decía;  

"Si vas con tus principios arrasas el mundo y lo filtras (...) Todo es pretexto para tu realización. (...) Para cada cosa, cada libro cada persona tienes  que ir encontrando el trato que te pide, que te requiere, que te necesita. Los valores homogeinizan a la gente. Yo prefiero una sociedad sin valores, más culta y con más cortesía". 

Y me recordó a ciertas conversaciones que mantengo con una amiga que vive muy lejos. A esa tentación que a veces tenemos de ver al otro bajo nuestro prisma; de pedirle que se comporte, diga o haga lo que esperamos de él, de ella. Juzgando y suponiendo que nuestra manera de estar en el mundo es la que vale, la que tiene peso, la correcta.

Nos pasa con gente a la que apreciamos mucho pero que tiene una manera diferente de entenderse o de pensar, como de otra galaxia para nosotras. 

"Es como una naranja hablando con un bistec", le dije. 

Quizá no tengamos la misma longitud de onda o nos cueste comunicar, pero también y debido a eso nos abrimos mutuas ventanas unos a otros, supongo. 

Le prometí que escribiría de ésto. Me cuesta. No lo consigo pero se lo debía. 




martes, 30 de abril de 2013

Un par de anticuados

Me gusta mucho hablar con mi amigo Felipe, me ayuda a pensar y me canta las verdades del barquero. Yo siempre me resisto porque a nadie le gusta que le afeen la conducta. Hablando con gente tan iconoclasta como él a una se le aclaran las ideas.

Nos reímos mucho de los derroteros de este país. Ese humor irónico, negro y amargo, por momentos, pero saludable  y necesario.

 Antes de que nadie nos acuse, aclaro: somos un par de anticuados. De los que tenemos ideas sólidas; sentimientos apasionados. ¿la comida? Con fundamento, como la de Arguiñano y ¿la gente,? O de  buena o de mala calidad. Ya estoy escuchando a alguno vocear:  Nada es blanco ó negro, existe el gris. Y por culpa del gris se nos cuela tanto torito manso en la vida, diría yo.

Nos apasiona observar al personal, individual y globalmente y dedicarnos al análisis de andar por casa, que a veces da muy buen resultado, más que nada porque no está teledirigido.  Es de cosecha propia, éso tan difícil que se alcanza pensando por uno mismo después de destripar tantos lugares comunes ideológicos.

Le pregunto qué tal le va con su nueva chica.

-Bueno, la acepto como es y prefiero saber poco de lo que hace.

Felipe está enamorado de una mujer que necesita ser libre para poder estar con otros hombres y no soporta  ninguna clase de convivencia.

Es decir, puede que cargue con una preciosa cornamenta, pero se la lima a dos manos todas las mañanas y decide no mirarse al espejo.

-Estás muy de moda, le digo, ahora se llevan las relaciones abiertas, en las que casi todo está permitido.

-Ya, es que o es así o nada.

Entiendo sólo en parte lo que le pasa, en realidad casi lo entiendo todo. El anticuado en la época del amor líquido, según la definición de Bauman, siempre piensa que debe conformarse con lo que recibe. En realidad, el mecanismo que falla es que el no se adapta a lo que dictan los tiempos.

-Cuando uno llega a la madurez tiene suerte si se le cruza en el camino alguien que le encante. Y a mí esta mujer me encanta.

- Por supuesto, justificándonos somos únicos, Felipe.

Nos reímos.


- Bueno, yo conozco a cada vez más gente que dice que la fidelidad no existe y que no hay que darla ni pedirla. tan sólo ser discreto. Ahí me siento yo anticuada, para mí es un valor.  No te soy nada moderna, como diría alguien que conozco.

-Te puedo presentar a unos cuant@s que van a teorizar sobre lo equivocada que estás.

-Debe ser éso lo que falla en mí, Felipe, que yo estas cosas no las vivo a través de la razón.

Felipe se sorprende conmigo de la cantidad de teorías para alcanzar la felicidad y el éxito que señalan como único camino hacer lo que uno quiere, lo que le gusta, ser mucho más emocional que racional.

-El éxito en todos los campos de su vida, dicen.

-¿El éxito en todo? ¿Entonces que somos tú y yo? ¿La excepción?

Nos reímos, esta vez a carcajadas.

miércoles, 17 de abril de 2013

La docilidad tiene un coste

Estos años de crisis han cambiado mucho a la gente que conozco. De repente, me descubro escuchando a alguien muy de derechas enarbolando un discurso que le hubiese parecido en tiempos radical y de izquierdas. Ya estoy escuchando a algunos: "No existe la derecha o la izquierda, no existen las ideologías". ¡Vaya si existen! ¡Y con esa ventaja juegan los que nos gobiernan! Con nuestro propio desconcierto ante lo que sucede.

He sido injustamente crítica con un movimiento llamado 15 M. Los que me conocen lo saben. Es verdad que lo quiero todo y lo quiero ya pero, mientras nos hemos dedicado a los juegos florales, la apisonadora del recorte de nuestra sociedad del bienestar avanza inexorablemente. De seguir así, en unos años no reconoceremos el país que habitamos.

Hay un lenguaje pernicioso y que tira a dar que emplea esta derecha, a la que ya no puedo soportar. Ése que llama nazis a los que hacen escrache ( el escrache lo inventó la tuna, decía con sorna un conocido) o que dejan claro que hay ciudadanos responsables que dejan de comer para pagar su hipoteca y otros que no.

Como, además, aquí se puede decir lo que se quiera porque la falta de calidad democrática de este país jamás les obligará a dimitir, quienes nos gobiernan abren sus bocazas y escupen todo tipo de sandeces sin pensar. Permitidme que haga lo mismo.

Este mes de abril espero que ocurren cosas que lo cambien todo para mejor. Me imagino en Lisboa, un 24 de abril preparando una nueva revolución pacífica contra la troika, la asfixia ciudadana, los recortes en un país que acababa de levantar la cabeza después de una crisis local cuando le tocó la global.

Me imaginaba al nuestro saliendo a la calle el 14 de abril, para conmemorar algo más que el advenimiento de una república a la que no se le dejó ser.

Lo sabéis quienes me conocéis. Vivo en una ciudad cuya historia de movilización en la calle es épica y pertenezco a una familia de mujeres fuertes, luchadoras y bravas. Me hace daño esta docilidad que no va a ningún lado. Cuándo pienso en ellas me las imagino diciéndome. ¿A qué esperas, qué hacéis tan quietos, tan tranquilos, aceptando lo que se os viene encima sin más?

Debe ser que mientras publicamos chorradas como ésta o carteles llenos de verdades en redes sociales estamos pacíficamente en casa, tragando con todo, pensando ¿es que nadie va a hacer nada? Sin hacer mucho más ninguno de nosotros.

No puedo seguir instalada en una queja que no va a ninguna parte y que es tan desgastante y me puede esta docilidad, esta falta de unión entre todos los afectados por la crisis, a día de hoy no se libra nadie, que se asoman cada día a una pantalla de televisión, ordenador, tablet o smartphone para hacer una revolución virtual que no está consiguiendo mucho.

Y sí, claro que habría que premiar a la plataforma "Stop Desahucios" por haber sido los únicos que no han cejado en su empeño, no han cedido ante las amenazas y continúan dando la batalla sin plantearse dejar de luchar. Ése es el espíritu.




miércoles, 10 de abril de 2013

"Abril es el mes más cruel"

Hoy, cuando salía de la piscina, el vigilante me hizo un gesto con la cabeza y me dijo "hasta la próxima". Me sentó bien verle, igual que a uno al que ya hemos apodado "el molinito" que nada a crawl con las palmas de las manos abiertas y cada vez que impactan con el agua, resuenan en un espacio en el que apenas se escucha nada. Me alegré de haber retomado viejas rutinas.

Me encontré con la mujer de la obesidad mórbida y hablamos de los pequeños hurtos. Que si me han robado una chaqueta, que si a una señora le llevaron la bolsa.

Cuando volví al vestuario estaba aún arreglándose y, a pesar de mis prisas, la ducha a toda leche, y mi inconstante atención me soltó que a una chica le llevaron la ropa interior, y que una señora tuvo que irse a casa en bañador y chanclas porque no tenía dinero para un taxi ni nadie que pudiese venir a por ella. Estaba ficcionando, alucinada, mal.

Abril es el mes más cruel recordé al ver a una chica con una delgadez sólo fruto de la anorexia. Intentaba convencer a una señora de que tan sólo tenía 28  años, y estaba agitada, quería estar en forma, decía.

Se notaba a la legua que no andaba muy fina. Nos quedamos a solas. La señora, que podría ser mi madre, y yo que podría ser la de la pobre chica, a pesar de su aspecto de más de 50  años. No creo que tuviese más que una talla 12, si la tenía. La mujer me miraba intentando comprender. "¿Pero tú la has visto?"..."No está bien, señora, es éso".

Me fuí con viento fresco y recordé lo duro que resulta perder pié y lo importante que es mantener el centro de gravedad, la rutinas, cierta autodisciplina; llevar a cabo los proyectos; seguir apostando, sobre todo, por uno mismo. La resistencia psicológica es lo más importante que tenemos.

Recordé a J. y nuestros intercambios de mensajes. Alguno en el que me dice que ciertos descarrilamientos no están mal. Yo comienzo a dudarlo. Le echo de menos, a él y a otros amigos lejanos.

Cada vez que vuelvo a la realidad y me subo a la rueda de hamster que es una vida "normal": despertarse, trabajar, horarios, comidas, piscina, paseos con Bosco, lavadoras, etcétera, una nostalgia un poco difícil de explicar se apodera de mí.  La nostalgia de una vida diferente que pude haber tenido, que quizá sobrevenga  cuando me canse de ser ésta y decida ser otra.

Como dice Yol, no podemos quejarnos, estamos bien, pero a veces nos imaginamos una vida de aventura que a ambas nos hubiese gustado tener. Los sueños son más bonitos sobre el papel, y suelen perder un poco de brillo cuando se hacen realidad, es algo que sé, que he descubierto.

Me gustó la sonrisa del vigilante, su gesto cómplice de, "otra vez por aquí". Me disgustan, y mucho, ciertas cosas que intuyo, y que siempre veo como irreales, como sin fundamento, cuando si están ahí será por algo.

Tengo ganas de ver a mis amigos que están lejos, ésos que sienten parecido, añoran cosas similares y me entienden con muy pocas palabras.

No pasa nada, es sólo nostalgia, la confirmación de que el tiempo va pasando y de que ciertos sueños quizá nunca lleguen a perder brillo, nunca se conviertan en realidad.

A veces uno tiene la sensación de que crece en un día, en unas horas. Es como encontrar, de repente y sin pararse a pensarlo demasiado, la clave, el meollo de la cuestión de la propia existencia.




viernes, 21 de diciembre de 2012

Un año más.

He adquirido la fea costumbre de felicitar públicamente la navidad a través de un escrito que suele ser una declaración de intenciones. Yolanda recordará como, con una inmensa resaca, un año pedí algunas cosas que se cumplieron como que a los americanos se les atragantara Irak como les pasó con Vietnam; que se acabara el reino del dinero y el materialismo (ésto más bien forzado por la crisis económica -que no "crisi" señor Feijoo- y la falta de él) y algunas cosas más que no se cumplieron, como el fin de la guerra bautizada eufemísticamente como conflicto, entre Palestina e Israel, ó que reinase la meritocracia en Galicia en lugar del nepotismo, enchufismo y padrinazgos que aún tiene vigencia, y por toda la pìel de toro, me temo.

Esta mañana me desayunaba con la noticia de esa famosa asociación belga (creo que es belga) que denunció a las compañías de seguros por cobrar menos a las mujeres en las primas de automóviles y supe que vamos a empezar a pagar un 11% más por los seguros del 2013. ¿Por qué no presenta esa misma asociación y también por desigualdad de género una querella contra las empresas europeas que, para igual puesto y formación, pagan entre un 15 y un 35% menos de salario a las mujeres? Digo yo que si tenemos que pagar lo mismo que ellos deberíamos cobrar igual. Y éste es un tema que debería estar en la agenda de los políticos a los que votamos, como lo estuvo en el siglo XIX y principios del XX, la consecución del voto femenino. Y, lo peor, no veo yo que sea una prioridad. 



La navidad. Este año es más plácida. Quizá porque el mes de noviembre volví a estrellarme, cayéndome por las escaleras de un parking público, y salí indemne una vez más del tercer y, espero, que último accidente del 2.012 y la crisis de melancolía, el cansancio y el hartazgo los sufrí en ese mes, igual que en verano cuando me caí de la bicicleta; o en enero, cuando un recien despedido, que iba ido y disgustado, tuvo la mala fortuna de golpear su coche contra el mío.

 Mi fisioterapeuta se ha echado unas risas conmigo, eso es verdad, y hemos trabado migas; nos hemos confesado mutuamente; nos hemos irritado con cualquier cosa, y me ha hecho sentirme muy próxima a él y a su manera de pensar, demostrándome que no hay salto generacional sino de formación e inteligencia, dado que él no llega a los 25 y yo he rebasado los 45 años.

¿Qué se puede desear para el 2013 sino sobrevivirlo y salir intacto? Mantener el trabajo, la pareja, la familia; que seamos los mismos el próximo año, que nadie enferme gravemente o desaparezca accidentalmente o después de una larga o corta agonía. Que a nadie se le diagnostique una enfermedad crónica, degenerativa, sin cura. Que ningún hijo decida poner en riesgo su vida, o echarla a perder.  Que ningún padre decida enfermar y sufrir ante los ojos de los suyos. Que ningún abuelo se vaya, justo ahora que acaba de jubilarse. Que nadie se amargue la vida o procure no hacerlo. ¡Ésto es lo realmente importante!

Lo que le está ocurriendo al mundo en el que vivimos también lo es, por supuesto. Este recorte salvaje en la cultura, la investigación, las universidades, la educación en general, la sanidad, la dependencia, la asistencia social y las ayudas. Todo menos en salvar a la banca y a los que han provocado esta estafa que han denominado crisis. ¡Y lo bien que les está saliendo!

Una crisis que es un acto terrorista sin límites, que está llevando a tanta gente a claudicar y quitarse de en medio pero, y éso lo sabe cualquiera, el suicidio es la primera causa de muerte en las sociedades desarrolladas y opulentas. Y éso da que pensar. Probablemente, no se le presta la atención que merece a la salud mental, no os quepa duda, pero una sociedad que no sabe hacer felices a sus ciudadanos es una sociedad fracasada, y ésta lleva algún tiempo perdiendo miembros.

Hubo un tiempo en que éramos más pobres y mejores personas porque, es cierto y demostrable, cuánto más rica es una sociedad es también más egoísta, insolidaria, más individualista y  menos humana. Habrá gente que me diga que hay crisis y empobrecimiento y tendrá razón, pero prestad atención a las palabras de ese jugador de baloncesto, apodado "baby face",  Dontaye Draper, que se crió en West Balimore,. una especie de infierno en la tierra, magníficamente retratado en The Wire. "Yo miro a mi alrededor y no veo esa crisis. Por la calle, en la ciudad, tampoco. Las casas están bien. No voy a compararlo con Baltimore, tío, pero yo sé lo que es la pobreza y la pobreza se ve”.

Y sí, tiene razón pero también es cierto que, como dice Emilio, todos hemos descendido un escalón social. El que era clase media alta se ha quedado en simple clase media. El que era media se ha ido a la media-baja; el que era clase baja está en el umbral de la pobreza. Sólo se salvan las clases altas, alguno de cuyos miembros se está haciendo aún más rico con esta estafa llamada crisis, porque es impensable que una crisis global, como ésta, tenga como consecuencia que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez mayor y, lo más terrible, que estemos permitiendo que liquiden nuestro sistema de salud, de justicia, de educación, nuestra cultura subvencionada ( ¿y por qué no si las mayores subvenciones las cobran grandes empresas privadas que a cambio practican ERES salvajes? ) para que los mismos que se están enriqueciendo lo sean más aún a costa de cobrarnos todos estos servicios, y al precio que a ellos les parezca.

Preocupaos de cuidar vuestro entorno, de sonreir y canturrear por las mañanas; de cruzar cuatro palabras con el vecino en el ascensor, aunque sólo sea, "¡vaya frío que hace hoy!".

 Soñad, intentad hacer realidad vuestros sueños, aunque no lo consigais, pero no dejéis de soñar y, sobre todo, que nadie os diga que no sirve para nada salir a la calle a gritar, a protestar, a hacernos ver para que los mercados, el FMI, LA UE, el gobierno español o el alemán sepan que  no nos vamos a callar,  que seguiremos resistiendo, que seguiremos en pié de guerra para recuperar cada uno de los derechos que nos están quitando y que, si es verdad que España es un experimento en Europa y lo es, no nos vamos a quedar tranquilamente en nuestras casas, impávidos, mientras nos afean la conducta y nos dicen que salimos caros. (¡Ay qué ganas de unas cuántas barricadas! A veces, cada día lo tengo más claro, una demostración de fuerza es necesaria. Quizá debamos enseñar un poco los dientes, hacer que tiemblen en sus sillones quienes deciden quitárnoslo todo).

De manera que, una vez más, os deseo que seáis felices y que lucheis por defender lo que es vuestro. Puede que los que nos gobiernan piensen que somos tontos o menores de edad, pero no es cierto. Espero que estemos a la altura para rebelarnos contra lo que viene, que será aún peor. . Las generaciones futuras,  mis sobrinos, vuestros hijos,  no nos perdonarán esta abulia, esta falta de compromiso, estas tragaderas. Aunque sólo sea por ellos, no dejéis de luchar por el futuro, para que la liquidación de nuestros sistema de protección, del mundo tal y como lo conocemos, que  ha empezado ya, y bastante antes del 21 de diciembre, se detenga algún día. Y, sí se puede, y sí, hay dinero.

 Yo, personalmente, no voy a transigir con todo. Lo tengo decidido, y es una metáfora, moriré matando.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Un poco de respeto

D. es fuerte y sensible. Un amigo con letras mayúsculas. Esta gente con la que comunicas tan bien (tan escasa) que cuando estás con ellos eres más tú, y te hacen sentirte tan bien en tu piel, y te entienden, y diría que hasta comparten maneras de entender la vida  (maneras de vivir que diría su admirado Rosendo).


Tras trabajar más de 20 años de su vida de forma ininterrumpida, lo acaban de despedir.   D. confía en sus recursos, sus intereses, sus aficiones y sus conocimientos para salir adelante, pese a la crisis y los augurios; contemplando todos los escenarios posibles  y,  todo ello,  pese a ese terrorismo informativo que se practica desde algunos medios de comunicación, que nos negamos a leer, ver o escuchar cada vez más gente, y que sólo vende miedo a lo que vendrá.

Como decía una mujer muy sabia, "Deixade de falar da crise que eu teño bastante con vivila"; ó la también conocida. "Non sei se acabei de ve-las noticias ou acabaron elas comigo".

Pues claro que lo sabemos. Será peor 2013 y puede que 2014 pero nosotros no nos hundiremos; no pensamos hacerlo dando la batalla por perdida sin haberla siquiera planteado. Nada es irremediable, ningún proceso se decide de antemano.

Todos podemos cambiar la realidad que se nos impone si queremos hacerlo.  D. se irrita con lo que está pasando y no entiende, por ejemplo, que la respuesta a que las tasas universitarias suban sea matricularse en menos asignaturas; no aprueba estas tragaderas nuestras y  no comparte ciertas letanías de la época, esas frases que son ya lugares comunes  y que gente que dice pensar, conocemos y queremos, repite como un mono de feria, aunque no sean  ciertas.

"Un poco de respeto (eso que tanto escasea) pide D.  antes de concluir que por tener 47 estoy acabado". Estoy con D. y sé, porque nos ocurre, que no se mantiene ese espíritu de forma lineal, sin dudar, sin un sólo ataque de vértigo.  Y no seré yo quien le diga a D. que, contemplando todos los escenarios y con los piés muy pegados al suelo, no esté cargado de razón. No puedo estar más de acuerdo con él.





domingo, 28 de octubre de 2012

Madurez, dolores e incertidumbre




Hay momentos grabados a fuego en mi mente, como aquella noche hace tantos años, bajo una marquesina  de un paseo marítimo, con aquella furia de viento y lluvia que había  expulsado a cualquier visitante que se aventurase  a enfrentar un clima tan duro, inusual en pleno mes de junio. Un vecino del lugar, no me cabe duda, saludó bajo su paraguas, navegando contra el viento, en posición de ataque o de defensa, en función de la dirección de las ráfagas,  haciéndonos saber con un gesto de su mano que nos estábamos mojando y que poco podía hacer aquel invento bajo el que nos refugiábamos en días como aquellos.

Le vimos pasar y seguimos hablando de nosotras. No sé si nos reímos, quizá sí, un poco. Recuerdo su frase.  "De todos los hombres que han pasado por tu vida ninguno te ha llegado a la suela de los zapatos". Y como lo dijo, con esa mirada desafiante suya,  agarrándose a mi mano y apretándola, para convencerme de que no pretendía consolarme; de que era verdad, su verdad, y debía comenzar a ser la mía. 

Recuerdo su primera mudanza, la rapidez con la que se produjo todo. Hombres entrando y saliendo, vaciando cajones, preguntando y, si no obtenían respuesta, tomando decisiones rápidas. Había que llenar el camión y se trabajaba contra reloj. Recuerdo su desesperación, sus gritos; las risas también, estábamos desbordadas. Yo había ido a ayudarle pero aquel torbellino de gente nos superó y decidimos dejarnos ir, echarles una mano y reírnos a carcajada limpia, de puro nerviosismo. Nos miraban como a dos extraterrestres pero éso nunca nos ha importado mucho. Juntas siempre nos hemos sentido muy fuertes frente a quien fuese. Recuerdo su frase final, "mi vida en cincuenta cajas" y aquella despedida, la primera de otras muchas. 

Hay muchas mujeres importantes en mi vida pero con ésta siempre he tenido un hilo invisible que me ha unido pese a la distancia, el tiempo, y los desacuerdos. 

Nos recuerdo con una amiga francesa, casi 15 años mayor que nosotras, con un gran afán pedagógico, siempre recomendándonos cine y literatura, que nos sentó una tarde en el salón de su casa para ver, "Érase una vez en América".  En realidad, sólo nos quedamos con unas pocas  frases del guión.

 "- Se conoce a los ganadores en la línea de salida. A los ganadores y a los perdedores. (......)
-Yo lo hubiera apostado todo por ti.
- Y lo habrías perdido todo".

Acabábamos de vivir el último "fracaso" laboral en una profesión que se cimenta, nos guste o no, sobre los que resisten contra viento y marea  y gente, válida o no, que prefiere  desistir. Recuerdo dos frases de periodistas que le tienen mucho cariño. La primera de ellas."Los que se dan por vencidos son los primeros en caer" y, la segunda,  "uno nunca deja de ser periodista, quiera o no, si de verdad lo lleva dentro".

Creo que necesito recordárselas porque el otro día me citó, de nuevo, las famosas frases del guión con las que nos torturamos unos años. Será la nostalgia que aqueja en la madurez, digo yo. 

Mi amiga se asomó a mi vida una tarde de un viernes de junio en 1984, porque quería unirse a nuestro grupo de osadas estudiantes de primero, que tenían un programa de humor en una Radio Libre de Getafe. Se llamaba  "Como ligar en diez días"  y pasó sin pena ni gloria, si no recuerdo mal, pero nunca me reí tanto construyendo aquellos guiones surrealistas y aguantándome la risa cuando Pili (¿qué habrá sido de ella?) con aquel acento tan castizo plagado de jotas y esa simpatía, les decía con todo el descaro a los chavales de los 80 lo que querían las mujeres, es decir, lo que queríamos nosotras. 

Éramos tremendas. 

La recuerdo después, enamorada patológicamente y  a la deriva, de un hombre al que su padre, dada la diferencia de edad entre ambos, y de esa relación extraña que los padres latinos tienen con sus hijas, no le deseó nada bueno, pero jamás intervino. La ví herida, llorosa, identificada con la Magnani en la película de Rossellini, L'amore que estuvo destripando unos cuantos días, obsesivamente, y la acompañé porque sabía que, a pesar de destrozarla de arriba a abajo, aquella relación tendría un final, y así fué. 

Ella estuvo cerca cuando me tocó a mí ser la sufriente, la que se bautiza en querer a alguien que no te quiere; o te quiere mal, o poco, o anda tan perdido con la furia de tu entrega que no sabe si quedarse o marcharse, y acaba por estar ahí como podría haber estado en cualquier otra parte. 

Ella y su marido me acompañaron en momentos de mucha zozobra, recordándome una y otra vez que aquello se acabaría y saldría adelante, y volvería a ser la misma u otra mejor y más sabia, que es lo que otorga el sufrimiento, una sabiduría que no está en los libros, porque la felicidad, creo que los tres lo tenemos muy claro, no enseña nada. No sé si por suerte o por desgracia ninguno ha tenido una vida plácida pero, a cambio, tenemos una buena resistencia psicológica. 


El cariño y la comunicación, me lo decía hace poco en un mail que me hizo llorar, ya que estamos a miles de kilómetros, ha sido nuestro nexo de unión. Me lee de un vistazo y, como dice D., con unas pocas palabras, deshace los nubarrones de mi cabeza.

 Son muchos años ya y, seguro que cuando lea ésto, ahora que estamos las dos dolientes, (Yo del brazo izquierdo, lo mío va de brazos y de dientes, y ella con su pierna; en momentos tan parejos de algo de dolor y mucha incertidumbre), me recordará la cantidad de momentos en los que nos hemos "jartado" de reir.  El día que nos escondimos tras unas columnas de la estación de Atocha para escapar de unos "pájaros" a los que no queríamos ver delante;  las noches bailongas cerrando locales y convenciendo al encargado para que nos dejara  pinchar; la tarde que me puse a bailar una muiñeira encima de un palco improvisado en la Alameda de Vigo, mientras ella no paraba de reír,  porque me retó, y una es tremenda cuando la retan; la noche que gritaba enloquecidamente por las calles de A Coruña, con unos vasos encima, todo hay que decirlo, porque  quería pulpo y acababa de descubrir que le encantaba pero aún no sabía, con diecinueve años, que a las dos de la mañana no hay "pulpeiras", o no las había en aquella época; los primeros logros profesionales; los amores de verdad; las noches de Madrid, el descubrimiento de la radio, que a las dos nos enganchó como una droga; los viajes juntas o solas;  los proyectos, inacabados o no, o las interminables llamadas de teléfono, mails o skypes, para mantener vivo el contacto. 

Y la última, muy divertida, en la que intentando salvar un bogavante del Cantábrico de la pesca ilegal de uno de estos turistas franceses, que sólo son muy civilizados en su país e hizo caso omiso de nuestra advertencia,  nos condujo hasta  el cuartel de la Guardia Civil dispuestas a que lo encarcelasen, como mínimo. Nos recuerdo gritando en el patio, mirándonos serias, cual integrantes de una asociación ecologista radical, a punto de levantar de la siesta al cabo, que nos miraría con desgana, pero no hubo suerte, o sí, porque no vino nadie. "Vaya seguridad", dije yo, "nos podemos llevar lo que queramos" Puertas abiertas a todos los despachos, los recorrió con furia y arrojo, gritando, "¿Hay alguiiieeennn aquíii, pero donde coño se mete la gente?" , hasta acabar poco después mirándonos en aquel patio desolado, riéndonos de la situación, de nosotras mismas, y escapando hacia el coche, antes de que apareciese algún hombre uniformado.